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PRE-ICFES Texto 3: Epica y novela

12 Preguntas  I  By Sdaza6
PRE-ICFES Texto 3: Epica y novela
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1.  EXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) En el texto, las comillas se emplean para
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2.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) De acuerdo con el enunciado del tercer párrafo: ³Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski´, se puede inferir que esto ocurre debido a que
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3.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) En el contexto del segundo párrafo, la expresión ³ego que piensa´ se emplea como una definición de
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4.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) De acuerdo con el texto anterior puede afirmarse que en el género novelesco se manifiesta
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5.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) En el enunciado del primer párrafo: ³En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca´, Ítaca es símbolo de
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6.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) De acuerdo con el segundo párrafo del texto se puede afirmar que la característica de la modernidad que resultó más determinante para el surgimiento de la novela es
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7.  EXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) De acuerdo con el texto, para Dostoievski un individuo se define por su ideología personal; podría decirse que esta concepción del hombre se anticipa a la concepción del movimiento literario
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8.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) De acuerdo con lo planteado en el texto, la oposición entre gigantes y molinos en el Quijote representa, más que la oposición entre locura y cordura, el contraste entre
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9.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) En el texto anterior, las ideas principales se presentan en el siguiente orden:
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10.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) Para el autor del texto anterior, la épica y la novela son
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11.  TEXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) El tema del texto anterior es
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12.  EXTO No. 3 Épica y novela Según Georg Lukács, autor de Teoría de la novela, "sólo los poemas homéricos son épica en sentido estricto". En ellos las divinidades que gobiernan el mundo y rigen los destinos humanos se ponen cerca de los hombres como el padre respecto del niño, y las aventuras que superan los héroes son simplemente el itinerario de un camino previamente trazado. En la épica no existe la pregunta por el sentido del viaje, ya que el héroe conoce la respuesta antes de partir hacia Ítaca. El mundo es ancho  y está lleno  de  peligros,  y, sin embargo, es como la casa propia, pues hombres y dioses están en comunión. Homero nos revela la perfección del helenismo, que resulta impensable para nosotros, hombres modernos, hombres del sin sentido, autores y lectores de novelas. La consolidación del capitalismo durante el Renacimiento provoca una completa transformación del concepto de la vida y una profunda alteración de los puntos de orientación trascendentales del mundo occidental. La desdivinización del mundo  es uno  de  los principales fenómenos que  caracterizan  a  la  modernidad.  De  acuerdo  con  Milan Kundera,  la desdivinización,  que no  debe  confundirse  con  el ateísmo,  "designa  la  situación en la  que  el individuo, ego  que  piensa, reemplaza  a  Dios como  fundamento  de  todo". En  este  contexto  tiene  su génesis  el género  novelesco  con  la  obra de Cervantes.  Don  Quijote se  encuentra  en  el vértice entre  la  épica  y la  novela;  su  aventura  es una  búsqueda de  la trascendencia, que culmina con la triste constatación de que los dioses han abandonado el mundo; los gigantes no son más que molinos, y el abismo que separa al hombre de los dioses ya no será superado. Sólo en el siglo XIX alcanza la novela su madurez, con las obras de Flaubert y Dostoievski. El triunfo de la burguesía tras la Revolución Francesa y las prácticas de capitalismo salvaje tras la Revolución Industrial agudizaron el sentimiento de desamparo  trascendental,  hasta  tal punto que  la  filosofía,  en  la  pluma  Nietzsche,  predicó  la  muerte  de  Dios.  La  novela intentó colmar el vacío que se produjo tras el exilio o deceso divino explorando la psiquis humana. ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Las novelas modernas buscan una respuesta a estas preguntas. En la estética de Dostoievski, el más importante entre los novelistas modernos,  el hombre  se  define  por su visión  del mundo:  sus personajes están  arraigados en  una  ideología personal muy particular según la cual actúan inflexiblemente. En la novela contemporánea, el hombre se define por su discurso. Una nueva conciencia del lenguaje, entendido como constructor de realidad y no como simple medio de comunicación, condujo a autores como James Joyce y Virginia Woolf a buscar, en el flujo de la conciencia individual, una respuesta a la pregunta por la identidad. Así pues, el héroe de nuestros días no emprende, como Odiseo, una aventura que lo lleva por el mundo al encuentro de su destino, sino que realiza  un  viaje  interior  en busca  de  sí mismo  y de  un  sentido  para  su  existencia.  Épica  y novela  son,  en  este  sentido, manifestaciones de la relación particular que la antigüedad y la modernidad han sostenido con lo trascendente. (Texto inédito de Iván Pinilla.) Por la forma como se presenta la información anterior, se diría que se trata de un texto
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