Prueba Online Verbal I

20 Preguntas | Total Attempts: 80

SettingsSettingsSettings
Please wait...
Verbal Reasoning Quizzes & Trivia

Questions and Answers
  • 1. 
    Lea detenidamente el texto. Realizada la lectura, seleccione la respuesta correcta en torno de los planteamientos que, de acuerdo con el texto, se le proponen.                                                                                            La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante.    1) El planteamiento central del texto es:
    • A. 

      El sostenido crecimiento demográfico y literario del español.

    • B. 

      La capacidad de los anglófonos para aprender español.

    • C. 

      La exclusión del español de la carrera científico tecnológica de hoy.

    • D. 

      La capacidad de transmisión de información del español frente al inglés.

    • E. 

      La adecuación de nuestra lengua a las exigencias científico-tecnológicas del inundo de hoy.

  • 2. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA: La accesibilidad al mundo contemporáneo ofrecida por el español se ve limitada porque:
    • A. 

      Las áreas de investigación más importantes son actualmente difundidas en inglés.

    • B. 

      No se produce material bibliográfico científico-tecnológico en español.

    • C. 

      Toda la investigación científica se hace en inglés.

    • D. 

      D) es mucho más fácil utilizar la tecnología científica en inglés.

    • E. 

      Los estudiantes universitarios no hablan inglés.

  • 3. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA: El problema más grave del español para afianzarse como lengua de transformación futura radica en:
    • A. 

      Lo complejo de sus estructuras gramaticales v lexicales.

    • B. 

      El escaso vocabulario que tienen sus hablantes.

    • C. 

      La poca idoneidad del mismo para crear e influir en el mundo actual.

    • D. 

      La fortaleza del inglés como lengua forjadora de ciencia y tecnología.

    • E. 

      Su progresivo abandono como instrumento de información en beneficio del inglés.

  • 4. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA: Uno de los objetivos inmediatos necesarios para el fortalecimiento del español como lengua contemporánea es:
    • A. 

      A) fomentar el crecimiento literario en esta parte del mundo.

    • B. 

      Incentivar la formación de traductores y terminólogos.

    • C. 

      Consolidar áreas importantes: ciencia, tecnología, finanzas, telecomunicaciones.

    • D. 

      Generar mayor cantidad de bienes y servicios comunitarios.

    • E. 

      Competir con los anglófonos en su propio idioma.

  • 5. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA:  "circunscribe", palabra que aparece al final del primer párrafo significa:
    • A. 

      Amplía

    • B. 

      Agranda

    • C. 

      Aumenta

    • D. 

      Expande

    • E. 

      delimita

  • 6. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA:  "mina" en el segundo párrafo significa:
    • A. 

      Cueva

    • B. 

      Robustece

    • C. 

      Gruta

    • D. 

      Socava

    • E. 

      Desfasa

  • 7. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA: la palabra "palpable" ubi­cada en el segundo párra­fo significa:
    • A. 

      Confuso

    • B. 

      Indefinido

    • C. 

      Perceptible

    • D. 

      Incomprensible

    • E. 

      Abundante

  • 8. 
     La Guerra de los Idiomas Carlos Leáñez Aristimuño        Ninguna lengua se halla mejor dotada que el español para competir con el inglés en este fin de milenio. Se trata de la primera lengua latina ( 46% de los neolatinos hablan español), de la segunda lengua de difusión intercontinental ( 320 mi­llones de personas que ocupan el 10% de las tierras del planeta y representan el 6% de la población mundial), es la primera lengua extranjera en la primera potencia mundial ( más del 10% de los habitantes de los EEUU son hispanófonos y crece el número de anglófonos que la aprenden), es una de las cinco lenguas habladas por más del 19% de los 'habitantes de la Unión Europea, es la lengua principal desde México hasta Tierra del Fuego, es la portadora de una de las literaturas más extraordi­narias de estos tiempos y en sus territorios la economía da signos de sostenido crecimiento. Su competidor más cercano -el chino- se circunscribe a un solo continente y se disuelve en varios dialectos sólo intercomprensibles por escrito, lo cual, a pesar del inmenso número de hablantes. limita su potencial difusión.        Pero algo muy grave ruina el futuro de nuestra lengua: no nos da acceso al mundo contemporáneo. En efecto. Ciencia, tecnología. Finanzas, telecomunicaciones, comercio son terrenos abonados básicamente en inglés. La mengua de nuestro idioma en estos campos es absolutamente palpable cuando consideramos que menos del uno por ciento de la documentación científica mundial se produce en español, cuando vemos que nuestros estudiantes universitarios de pregrado hallan sólo en inglés buena parte de sus textos, cuando se asume con total naturalidad que todo investigador derive lo esencial de su saber del inglés, cuando en el crucial mundo de la informática termina por resultar más cómodo el utilizar los programas en inglés que en español, cuando ya resulta cada vez más difícil hallar un empleo de primera línea sin hablar inglés.      ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Antes que todo por un hecho obvio: un idioma no se sostiene exclusivamente sobre una sólida base demográfica y una imponente literatura. Requiere también de poder político y económico, poder que florece abonado por... la ciencia, la tecnología, las finanzas, las telecomunicaciones, el comercio. Las áreas donde el inglés es rey. Debemos entonces -a partir de nuestro idioma, para no perder el alma en el camino- tener como objetivo a largo plazo el fortalecernos en esas áreas, entendiendo que de ello depende nuestra sobrevivencia como pueblos distintos al bloque anglosa­jón. Pero como objetivo inmediato y paralelo, debemos proceder a un agresivo afianzamiento del español por medio de trata­dos internacionales y un gigantesco esfuerzo de traducción.      Se impone un tratado panhispánico de protección lingüística del consumidor y del trabajador que prescriba la obliga­ción de presentar en español los bienes y servicios. La totalidad de los países hispanohablantes representa un mercado atrac­tivo para cualquier exportador, por lo tanto, nadie se privará de enviar mercancías a nuestros países por el hecho de que exista este instrumento jurídico.      También resulta impostergable un gigantesco esfuerzo panhispánico de traducción. Tal como indica el diplomático uruguayo Héctor Gross, para tener acceso a la documentación que forja al mundo contemporáneo nuestros países tienen dos caminos: abandonar progresivamente el castellano en nuestras universidades y centros de investigación en beneficio del in­glés o bien llevar a cabo una política moderna de traducción a-nivel panhispánico que nos permita una incesante actualiza­ción de nuestro idioma. La primera posibilidad equivale a quemar nuestra propia casa y a condenarnos a la inferioridad...en efecto, no podemos competir con los anglófonos en el uso de su propio idioma habiéndolo aprendido nosotros como lengua extranjera y en circunstancias lejanas a lo ideal. Se impone, pues , una moderna y masiva política de traducción, tal como la llevan a cabo países de la talla de Alemania y Japón, a fin de nombrar en nuestro idioma todo aquello que nombra la documentación científica, técnica, económica y financiera mundial. No deben escatimarse los recursos para formar terminólogos y traductores especializados de altísimo nivel que trabajarían esencialmente del inglés al español, para invertir en el desarrollo de la traducción automática y asegurar el acceso expedito a los grandes bancos de datos existentes. Pero lo esencial del esfuerzo  dada la talla de la tarea, recae sobre los Estados y, para que ellos actúen, sus élites y clases dirigentes deben abandonar la percepción según la cual el problema fundamental del español se reduce a que muchos de sus hablantes no dominan las reglas que lo rigen y carecen de un amplio vocabulario. Esto sin duda es cierto e importante, mas no lo principal. No y mil veces no.      El problema fundamental es que si nuestra lengua no resulta apta para darnos acceso a las claves de nuestro tiempo, aprenderemos sistemáticamente otra lengua que sí nos las dé y, de esta manera, el español desaparecerá de la vida pública y, a la larga, de nuestras propias casas. La alternativa es clara y plenamente factible: despertar a ese magnífico atleta que es nuestro idioma, sacudirle su actual somnolencia y enfrentar con él -con nuestra alma- los formidables retos de este mundo fascinante. PREGUNTA: "impostergable”, al comienzo del quinto párrafo, significa:
    • A. 

      Diferible

    • B. 

      Incontestable

    • C. 

      Indudable

    • D. 

      Indispensable

    • E. 

      Inaplazable

  • 9. 
    A continuación se le presenta un par de palabras relacionadas: seleccione una alternativa que exprese mejor la relación semejante a la propuesta. Víctima es a criminal, como:
    • A. 

      Culpable es a juez.

    • B. 

      Inocente es a torturado

    • C. 

      Perjudicado es a victimario.

    • D. 

      Sacrificado es a lesionado.

    • E. 

      Asesino es a mártir.

  • 10. 
    Centímetro cúbico es a volumen, como
    • A. 

      Libra es a masa.

    • B. 

      Ergio es a altura.

    • C. 

      Gramo es a capacidad.

    • D. 

      Metro es peso.

    • E. 

      Litro es a distancia

  • 11. 
    Veloz es a lento, como
    • A. 

      Puntual es a moroso

    • B. 

      Cachazudo es a perezoso

    • C. 

      Apresurado es a ágil

    • D. 

      Raudo es a indolente

    • E. 

      Torpe es a ligero

  • 12. 
    Gasolina es a petróleo , como
    • A. 

      Hierro es a acero

    • B. 

      Papel es a madera

    • C. 

      Papel es a madera

    • D. 

      Mar es a sal

    • E. 

      árbol es a vegetal

  • 13. 
    El prefijo "dodeca_" sig­nifica veinte; "hepta_" signifi­ca
    • A. 

      Catorce

    • B. 

      Siete

    • C. 

      Seis

    • D. 

      Cinco

    • E. 

      Setenta

  • 14. 
    El prefijo "des_" significa negación; "pan_" significa
    • A. 

      Grande

    • B. 

      Extenso

    • C. 

      Amplio

    • D. 

      Todo

    • E. 

      Medido

  • 15. 
    El prefijo “hemi” significa mitad; “homo” significa
    • A. 

      Igual

    • B. 

      Contrario

    • C. 

      Imagen

    • D. 

      Diferente

    • E. 

      Humano

  • 16. 
    El prefijo “cripto” significa oculto; “demo” significa
    • A. 

      Mundo

    • B. 

      Gobierno

    • C. 

      Pueblo

    • D. 

      Ciudad

    • E. 

      Comunidad

  • 17. 
     En cada uno de los siguientes planteamientos se presenta una palabra y, debajo de ella, un conjunto de palabras asociadas. Seleccione la alternativa que mejor englobe la definición o idea propuesta. 81) Vapor tiene como términos asociados:
    • A. 

      Propagación, calor, mol, licuefacción.

    • B. 

      Aire, volumen, condensación, fuerza.

    • C. 

      Líquido, evaporación, aceleración, máquina.

    • D. 

      Ebullición, molécula, temperatura, presión.

    • E. 

      Solución, caloría, oscilación, gas.

  • 18. 
    Posición tiene como términos asociados:
    • A. 

      Disposición, adopción, condición, petulancia.

    • B. 

      Poder, estado, esfuerzo, estrato.

    • C. 

      Condición, reverso, ángulo, ubicación.

    • D. 

      Categoría, altura, situación, razonamiento.

    • E. 

      Actitud, postura, situación, estado.

  • 19. 
    Átomo tiene como termino asociados:
    • A. 

      Magnitud, carga, electrón, onda.

    • B. 

      Partícula, neutrón, masa, energía.

    • C. 

      Molécula, cohesión, protón, vector

    • D. 

      Fuerza, fusión, trabajo, núcleo.

    • E. 

      Peso, reacción, energía, potencia.

  • 20. 
    Sonido tiene como términos asociados 
    • A. 

      Rayo, atracción, masa, timbre.

    • B. 

      Energía, campo, conducción, ampliación.

    • C. 

      Audición, onda, decibel, intensidad.

    • D. 

      Atmósfera, oscilación, barrera, dilatación

    • E. 

      Potencia, recepción, vibración, luminosidad.